Su amor no conocía artificios,
era río claro,
fluir transparente entre miradas y silencios.
No buscaban la pose,
sino la verdad de un instante,
esa chispa que enciende la memoria
sin necesidad de adornos.
Desde el primer encuentro sentí su esencia:
habitar el presente como un refugio,
entregarse al pulso de la vida,
con sonrisas que se vuelven luz
y ojos que hablan sin voz.
Mi lugar fue ser testigo,
un guardián invisible de lo efímero,
atento al soplo sutil de cada gesto,
para que el tiempo no olvide
lo que el amor escribió en ese día.
Con cariño de Alan,
para Paulina y Alfonso.
Su amor no conocía artificios,
era río claro,
fluir transparente entre miradas y silencios.
No buscaban la pose,
sino la verdad de un instante,
esa chispa que enciende la memoria
sin necesidad de adornos.
Desde el primer encuentro sentí su esencia:
habitar el presente como un refugio,
entregarse al pulso de la vida,
con sonrisas que se vuelven luz
y ojos que hablan sin voz.
Mi lugar fue ser testigo,
un guardián invisible de lo efímero,
atento al soplo sutil de cada gesto,
para que el tiempo no olvide
lo que el amor escribió en ese día.
Con cariño de Alan,
para Paulina y Alfonso.